La adolescencia es una etapa de muchos cambios. A veces aparecen emociones difíciles de gestionar, problemas de autoestima, conflictos familiares, dificultades en las relaciones o situaciones que generan ansiedad y malestar.
La terapia puede ofrecer un espacio de confianza en el que el adolescente pueda expresarse y adquirir herramientas para afrontar aquello que le preocupa.
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Un espacio donde poder hablar y sentirse escuchado
En algunos momentos pueden aparecer emociones difíciles de comprender, inseguridades, preocupaciones, conflictos o situaciones que no resulta fácil expresar.
A veces el propio adolescente sabe que algo no va bien, pero no encuentra las palabras para explicarlo. Otras veces son las personas de su entorno quienes empiezan a notar que algo ha cambiado.
La terapia puede ofrecer un espacio propio donde hablar de lo que está ocurriendo, sentirse escuchado sin ser juzgado y comprender mejor lo que se está viviendo.
No se trata de decirle al adolescente lo que tiene que hacer, sino de acompañarle para que pueda entender lo que le ocurre y desarrollar sus propios recursos para afrontarlo.
Cuándo puede ser útil consultar?
No siempre es fácil distinguir entre los cambios propios de la adolescencia y una situación en la que puede ser conveniente buscar ayuda profesional. Puede ser útil consultar cuando aparecen dificultades como:
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ansiedad, preocupaciones frecuentes o sensación de desbordamiento
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tristeza, irritabilidad o cambios emocionales que generan malestar
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baja autoestima, inseguridad o una visión negativa de sí mismo/a
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dificultad para expresar o comprender lo que siente
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aislamiento o cambios importantes en sus relaciones
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dificultades para relacionarse con amigos o compañeros
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conflictos familiares frecuentes
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problemas relacionados con el instituto, los estudios o la adaptación escolar
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situaciones de rechazo, acoso o dificultades con el grupo de iguales
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momentos de cambio, pérdidas, separaciones u otras situaciones familiares difíciles
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dificultades para afrontar determinadas situaciones o tomar decisiones
También puede ocurrir que no sepáis exactamente qué está pasando. Quizá simplemente han observado que algo ha cambiado: está más aislado, más irritable, habla menos, parece preocupado o ha dejado de disfrutar de cosas que antes eran importantes para él o ella.
Estos cambios no significan necesariamente que exista un problema psicológico. La adolescencia implica transformaciones importantes y cada persona las vive de una manera diferente. Sin embargo, cuando el malestar persiste, aumenta o empieza a interferir de forma significativa en la vida cotidiana, las relaciones, los estudios o el bienestar emocional, puede ser útil consultar.
La adolescencia: una etapa de construcción y cambio
La adolescencia no es simplemente una transición entre la infancia y la vida adulta. Es una etapa en la que se producen importantes cambios físicos, emocionales, familiares y sociales, mientras progresivamente se va construyendo una identidad propia.
Pueden aparecer preguntas como: Quién soy? Cómo me ven los demás? Dónde encajo? Qué quiero para mí?
Al mismo tiempo, las relaciones familiares comienzan a transformarse, el grupo de amigos adquiere una importancia especial y aparecen nuevas experiencias, responsabilidades y decisiones. En este proceso es habitual que exista una mayor necesidad de intimidad y autonomía y que surjan desacuerdos con los adultos. No todo cambio, conflicto o emoción intensa necesita terapia. Pero algunas situaciones pueden resultar difíciles de afrontar en solitario.
Contar con un espacio profesional puede ayudar al adolescente a detenerse, comprender lo que está viviendo y encontrar maneras de afrontar aquello que le está generando malestar.
Cómo puede ayudar la terapia?
La terapia no consiste únicamente en hablar de los problemas ni en decirle al adolescente cómo debería actuar. Es un proceso en el que puede empezar a comprender mejor lo que siente, identificar aquello que necesita y desarrollar recursos propios para afrontar las situaciones que resultan difíciles.
Dependiendo de cada caso, durante el proceso podemos trabajar aspectos como:
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identificar y expresar emociones
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comprender pensamientos y preocupaciones
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aprender estrategias para afrontar situaciones difíciles
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fortalecer la autoestima y la confianza personal
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mejorar la manera de relacionarse con otras personas
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abordar conflictos familiares o sociales
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comprender determinadas conductas o reacciones
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afrontar cambios o experiencias difíciles
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favorecer progresivamente una mayor autonomía emocional
No existe una única forma de trabajar con todos los adolescentes. Cada persona tiene su propia historia, personalidad, contexto familiar y momento vital. Por eso, el proceso se adapta a las necesidades y características de cada adolescente.
Mi forma de trabajar con adolescentes
Para que la terapia pueda convertirse en un espacio útil, considero especialmente importante construir una relación basada en la confianza, el respeto y la ausencia de juicio. El adolescente necesita poder sentir que tiene un espacio propio en el que no tiene que responder correctamente, demostrar nada ni saber explicar perfectamente lo que le sucede.
1. Nos conocemos: El primer encuentro permite conocer la situación, escuchar qué está ocurriendo y resolver las dudas que puedan existir antes de comenzar. Cuando se trata de menores de edad, también acordaremos cómo organizar la participación de los padres o responsables legales teniendo en cuenta la edad y las circunstancias de cada caso.
2. Comprendemos qué está ocurriendo: Las primeras sesiones nos permiten conocer mejor al adolescente y comprender cómo está viviendo la situación. No es necesario que llegue sabiendo exactamente qué le pasa ni que pueda hablar de todo desde el primer momento. La confianza también necesita tiempo. A medida que vayamos comprendiendo mejor la situación, podremos identificar qué aspectos necesitan atención y establecer los objetivos del proceso. Estos objetivos se adaptarán a las necesidades del adolescente y podrán revisarse a medida que avance la terapia.
3. Avanzamos a su ritmo: Trabajaremos progresivamente sobre las dificultades que estén generando malestar y sobre los recursos que puedan ayudarle a afrontarlas. El proceso no consiste en cambiar quién es el adolescente, sino en ayudarle a conocerse mejor, comprender lo que le ocurre y encontrar formas más saludables de afrontar sus dificultades.
Si eres madre o padre y estás preocupado por tu hijo/a
Puede que hayas llegado hasta aquí porque has observado algunos cambios y no sabes muy bien cómo ayudar: quizá está más aislado/a, más irritable o más preocupado/a. Puede que hable menos con vosotros, que hayan aumentado los conflictos en casa o que haya cambiado su manera de relacionarse, su rendimiento académico o sus rutinas. También puede ocurrir que hayas intentado preguntarle qué sucede y la respuesta sea simplemente: “No me pasa nada”.
Para las familias, estas situaciones pueden generar preocupación y muchas dudas: Es algo propio de la adolescencia? Deberíamos darle espacio? Tenemos que intervenir? Necesita ayuda profesional?
No siempre existe una respuesta inmediata. La adolescencia implica una necesidad creciente de autonomía e intimidad y esto puede modificar considerablemente la relación con los padres. Sin embargo, si determinados cambios persisten, generan un malestar significativo o empiezan a interferir en diferentes áreas de su vida, una primera consulta puede ayudar a comprender mejor la situación y valorar qué tipo de acompañamiento puede necesitar.
Qué papel tienen los padres y madres durante la terapia?
Cuando trabajamos con adolescentes, la familia puede tener un papel importante en el proceso. Al mismo tiempo, para que el adolescente pueda construir una relación de confianza con la terapia necesita disponer de un espacio propio. Por eso es importante encontrar un equilibrio entre ambas necesidades.
La participación de madres, padres o responsables dependerá de la edad del adolescente, de la situación y de las necesidades que vayamos identificando. En algunos momentos puede ser conveniente mantener encuentros con la familia para comprender mejor el contexto, compartir orientaciones o trabajar determinados aspectos de la relación familiar. En otros momentos será importante preservar el espacio individual del adolescente. La forma de organizar esta participación se hablará desde el comienzo para que tanto el adolescente como su familia sepan cómo vamos a trabajar.
Confidencialidad y confianza
Poder hablar con libertad es una parte fundamental del proceso terapéutico. Por eso, el contenido de las sesiones forma parte de un espacio confidencial, dentro de los límites profesionales, éticos y legales aplicables.
Cuando trabajamos con menores de edad, al comenzar el proceso explicaremos de forma clara tanto al adolescente como a sus padres, madres o responsables cómo se gestionará la confidencialidad, qué información pertenece a su espacio terapéutico y en qué circunstancias puede ser necesario compartir determinada información.
De esta manera, el adolescente puede saber desde el principio qué puede esperar de su espacio terapéutico y la familia puede comprender cómo participará en el proceso.
Información práctica
- Atención presencial en Madrid (Zona Retiro)
- Atención online cuando resulte adecuada para el adolescente y su situación
- Horarios flexibles, buscando compatibilidad con la rutina académica y familiar
- Primer encuentro sin coste de 30 minutos
- Desde €60 por sesión
Podemos empezar hablando
No es necesario saber exactamente qué está ocurriendo antes de pedir ayuda. A veces, el primer paso consiste simplemente en poder hablar de lo que está pasando y valorar qué puede necesitar el adolescente en este momento.